Sociedad
Por la inflación, se quebró la pauta salarial que dispuso el Gobierno y se reabren las paritarias
La aceleración inflacionaria dejó atrás los incrementos de salarios en torno al 1,5% y fuerza la reapertura de negociaciones entre gremios y empresas. Generó una reapertura de paritarias y una heterogeneidad en los acuerdos para tratar de recuperar poder adquisitivo.
Martes, 20 de enero de 2026
              
El resultado fue una reapertura generalizada de paritarias, mayor dispersión entre convenios y acuerdos cada vez más cortos alcance para recomponer el poder adquisitivo de los salarios.

Ese diagnóstico conforma el último informe de C-P Consultora, que define el escenario actual como “un paréntesis” en la política de ingresos: el ancla dejó de coordinar expectativas, pero la inflación, el estancamiento económico y la debilidad del empleo impiden una aceleración mayor.

Una pauta demasiado exigente y una caída real persistente

Según el informe, la imposición de una “pauta salarial estricta” durante 2025 llevó a caídas reales ininterrumpidas en los salarios de convenio. Hacia noviembre, el salario promedio de los principales acuerdos acumulaba una pérdida cercana al 4,5%, una dinámica que se intensificó con el recalentamiento de los precios de los últimos meses.

Ese deterioro forzó renegociaciones con mayor nominalidad en noviembre y diciembre, en un proceso que la consultora compara explícitamente con lo ocurrido tras la salida del cepo cambiario: primero, una pauta restrictiva; luego, inflación en alza; finalmente, reaperturas que desbordan el ancla original. Sin embargo, el esfuerzo no es suficiente: aún con acuerdos más altos, la inflación mensual -ubicada entre 2,5% y 2,8% en noviembre y diciembre- sigue corriendo por delante.

El relevamiento de C-P muestra que, aunque la mayoría de los convenios aceleró respecto del 1,5% que promovía el Gobierno, la gran parte no logra superar la inflación vigente, lo que anticipa una continuidad del estancamiento o incluso “nuevas caídas del salario real hacia adelante”.

Quiebre silencioso: sin paros pero con tensión

Un rasgo distintivo de este proceso de erosión del poder adquisitivo es la forma en que se expresa la tensión salarial. “Cuando uno mira la conflictividad laboral, en términos de paros o medidas de fuerza, no hay un aumento significativo”, explica Federico Pastrana, economista de C-P Consultora.

“Eso no significa que no haya tensión: lo que pasó es que, ante la caída del salario real en el segundo semestre, se reabrieron las negociaciones y se superó con creces la pauta del Gobierno, pero de manera silenciosa y sin confrontación directa”, entiende el analista.

Para Pastrana, esa dinámica confirma que la política salarial entró en un paréntesis: el Gobierno dejó de imponer una pauta tan rígida como en el pasado, pero tampoco logró reemplazarla por un nuevo esquema de coordinación. “Se rompe la pauta del 1,5%, pero no hay una aceleración nominal tan grande como para permitir una recuperación, porque la inflación sigue alta y el contexto económico no acompaña”, advierte.

Pymes: salarios atrasados, productividad en caída y despidos continuados

El informe de C-P advierte que la aceleración de las paritarias no puede analizarse sin mirar el desempeño del empleo y la actividad. Respecto de este punto se expresó con este medio Mauro González, de la Confederación PyME: “Es cierto que los salarios quedaron bastante atrás respecto a la inflación, pero hay una realidad que está golpeando a la industria: los despidos y las suspensiones no se detienen”.

La caída de la rentabilidad fue “abrupta” y se combina con una baja de la productividad, lo que limita severamente la capacidad de las empresas para convalidar nuevos aumentos, incluso cuando apenas buscan acompañar los precios. “La situación sigue siendo dramática. Hay cierres de empresas y este derrotero de caída no se detiene”, enfatiza González, subrayando que el problema alcanza tanto a pymes como a empresas de mayor tamaño.

Las herramientas que negocian los gremios para aumentar ingresos

Uno de los hallazgos centrales del informe es el aumento de la heterogeneidad entre convenios. Con el desborde de la pauta, crecieron las diferencias sectoriales y se multiplicaron las estrategias: aceleración de tramos porcentuales, sumas fijas para compensar el desfasaje inflacionario y pagos extraordinarios no acumulativos.

Ese panorama se refleja en acuerdos como el de aceiteros. La Federación Aceitera y Desmotadora y el sindicato de San Lorenzo acordaron una gratificación extraordinaria no remunerativa de casi $1,9 millones, a pagar en dos cuotas durante enero y febrero, aunque aseguran que se trata de una práctica de todos los años.

En tanto, el sindicato de Camioneros estableció a partir de este mes el pago de una suma fija de $35.000, además de la incorporación de $31.000 al básico, lo que implica un incremento adicional del 3,5%, que se suma al mecanismo de actualización mensual del 1% ya vigente.

En el caso del sindicato de Comercio, luego de negociar por 6 meses entre junio y diciembre pasado, por 1% no acumulativo, el último acuerdo firmado estipula únicamente la incorporación de una suma fija extraordinaria de $60.000 (alrededor de 5,4% del salario conformado).

El recurso no llega a compensar la pérdida anterior y, al no tener aumentos porcentuales hacia adelante, Pastrana entiende que “promete una rápida licuación en los próximos 3 meses”.

Fuentes del sector textil, consultadas en off, también comprenden que, aún con reaperturas, no se observa una recuperación efectiva del salario real. En muchos casos, explican, la mejora nominal respondió al pase de sumas no remunerativas a remunerativas y a ajustes parciales que pierden efecto en pocos meses, especialmente en un contexto de inflación creciente.

Negociaciones cortas y un horizonte incierto

El informe de C-P también pone el foco en la duración de los acuerdos, un indicador clave de expectativas. Aunque los contratos se estiraron respecto de 2024, el promedio sigue siendo de apenas tres a cuatro meses, y en algunos gremios incluso volvió a acortarse. Para la consultora, esto refleja la dificultad de “construir un horizonte de nominalidad creíble” hacia adelante y la necesidad de revalidar la pauta salarial “de manera permanente”.

A ese cuadro se suma el componente político. La discusión por la reforma laboral y la intención oficial de flexibilizar la negociación colectiva funcionan como telón de fondo de un mercado laboral debilitado, con caída del empleo registrado y actividad estancada.

En este contexto, según C-P Consultora, la posibilidad de retomar una pauta aceptada por los actores dependerá de una condición central: lograr una baja sostenida de la inflación, junto con una mayor fortaleza económica y política del programa.

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