Economía
La pobreza es más alta que el dato oficial, llegaría al 50,6%
Según mediciones de consultoras, el número se asemeja al de principios de 2022: +19,5 que el registro de Indec. Cuestionamientos al organismo, por la subponderación de indicadores claves. Con correcciones, en el primer trimestre de 2025 llega al 50,6 por ciento

Lunes, 5 de enero de 2026
Tras los vaivenes inflacionarios de los últimos años, la pobreza medida por el Indec atravesó fuertes oscilaciones. Pasó del 35,2 por ciento entre octubre de 2021 y marzo de 2022, a un pico del 52,9 por ciento en el primer semestre de 2024, para luego descender hasta el 31,6 por ciento en la primera mitad de 2025, el nivel más bajo desde 2018. Sin embargo, esa caída no estuvo acompañada por mejoras equivalentes en otros indicadores vinculados a las condiciones de vida, lo que habilita a poner en duda la narrativa triunfalista del oficialismo.
En los últimos años cambiaron formas de medición en el organismo oficial de estadísticas y, además, la ponderación de algunos ítems como tarifas quedó desactualizada, en tanto no contempla los considerables aumentos que vienen teniendo desde hace tiempo: con saltos mayores al 300 por ciento.
En ese contexto se abrió un nutrido debate entre especialistas en medición de pobreza, que señalaron la necesidad de dos correcciones metodológicas: actualizar la canasta de consumo de los hogares y abordar la subdeclaración de ingresos.
Dado que la pobreza en Argentina se define a partir de un umbral de ingresos familiares, la primera corrección tiende a elevar la tasa de pobreza, mientras que la segunda opera en sentido contrario.
Un informe reciente de la consultora Equilibra aplica ambas correcciones metodológicas y estima que, en el primer semestre de 2025, la pobreza alcanzó al 42 por ciento de la población, frente al 31,6 por ciento que surge de la medición del Indec. La diferencia se explica por un ajuste de la Canasta Básica Total a patrones de consumo más actualizados y por la incorporación de correcciones en los ingresos declarados por los hogares.
Como resultado, Equilibra calcula que la incidencia de la pobreza se ubica, en promedio, 5,3 puntos porcentuales (p.p.) por encima del registro oficial a lo largo del período analizado, que va del segundo semestre de 2018 a 2025.
“En detalle, el 42 por ciento de pobreza registrado en el primer semestre de 2025, equivale a niveles similares a los de principios de 2022. Esta variación muestra una baja de 14,2 p.p. en comparación con el pico del primer semestre de 2024, cuando la pobreza oficial arroja un descenso de 21,3 p.p. entre dichos períodos”, argumentan.
De acuerdo con esa estimación, la pobreza descendió pero no tanto como propone el Gobierno. A su vez, si se compara el último registro contra el semestre final de las últimas dos administraciones a cargo del Ejecutivo, también se modifica significativamente: “la pobreza baja sólo 2 p.p. versus fines del gobierno de Alberto Fernández (la oficial muestra un descenso de 8,3 p.p.) y se mantiene aún 1,6 p.p. por encima de finales de Macri (la oficial arroja un descenso de 3,1 p.p.)”.
Con este marco, la gestión de Javier Milei no logró una reducción estructural de la pobreza – que se mantiene en niveles similares a los de gobiernos anteriores, con variaciones en torno a 2 p.p.-, sino que consiguió interrumpir la dinámica ascendente que había alcanzado su pico en el segundo semestre de 2024.
Frente a ese máximo, la pobreza efectivamente retrocedió, aunque en una magnitud menor a la que sugieren las cifras oficiales.
“Hay una caída estadística de la pobreza, pero una capacidad de consumo de los hogares que sigue estancada”, aseguró Agustín Salvia, del Observatorio de Deuda Social de la UCA.
El dato, lejos de ser alentador, confirma la persistencia de un flagelo que condiciona la vida cotidiana de millones de personas y sigue siendo una de las principales deudas sociales del país.
Actualización de la canasta
La primera corrección metodológica, que reclaman desde distintos sectores, se vincula con la forma en que se mide el gasto de los hogares, a partir del cual se calcula la inflación minorista.
La técnica vigente del Indec utiliza ponderadores de consumo desactualizados, basados en la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares (ENGho) 2004/05, pese a que existe una más reciente, correspondiente a 2017/18. Esta desactualización provoca que el índice subestime el peso real de los servicios en el presupuesto familiar y, en contrapartida, sobrerrepresente el consumo de bienes.
Esta distorsión impacta directamente en la medición de la inflación. Según Equilibra, la subcaptación del peso de los servicios implicó una subestimación de alrededor de 5 p.p. en la inflación interanual de 2024.
Variación de precios
El sesgo se profundiza en un contexto de fuertes cambios en los precios relativos, ya que entre noviembre de 2023 y julio de 2025 los bienes se abarataron un 10 por ciento en términos reales, mientras los servicios – agua, electricidad, gas, transporte, educación y salud, entre otros – se encarecieron un 29 por ciento.
Este reacomodamiento afectó de manera desigual a los distintos estratos sociales, dado que cada hogar enfrenta una canasta de consumo diferente: durante la segunda mitad de 2024, la inflación resultó más baja para los sectores de menores ingresos y más elevada para los de mayores recursos, donde el peso de los servicios es significativamente mayor.
Al actualizar la Canasta Básica Total – que fija el umbral de ingresos para medir la pobreza – con las ponderaciones de la ENGHo 2017/18, la incidencia de la pobreza se eleva de manera significativa.
De acuerdo con la consultora, el pico del primer semestre de 2024 pasa de 53 por ciento con la medición oficial del Indec a cerca del 70 por ciento de la población con la canasta bien ponderada.
En el primer semestre de 2025, la diferencia también es marcada: 31,6 por ciento para el Indec frente a 50,6 por ciento con la nueva métrica. Si bien la dinámica de baja de la pobreza desde el máximo se mantiene, la corrección expone una dimensión mucho más profunda y persistente de este flagelo social.
Subcaptación de ingresos
El segundo punto relevante para la discusión sobre la medición de pobreza remite a los ingresos. Las estadísticas administrativas sobre ingresos laborales y no laborales no muestran una recuperación tan marcada como la que surge de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), base del cálculo oficial del Indec sobre pobreza.
Según Equilibra, esta divergencia se explica porque desde el cuarto trimestre de 2023 la EPH mejoró la captación de ingresos de los hogares, en particular a través de nuevas preguntas sobre ingresos no laborales.
Este fenómeno de previa subdeclaración de los ingresos afecta tanto el nivel como la dinámica de la pobreza. Si los ingresos efectivamente percibidos son mayores a los declarados, la incidencia real de la pobreza resulta menor a la estimada, aunque esa brecha varía en el tiempo.
Al corregir este sesgo, la pobreza en el primer semestre de 2025 se reduce en 7,5 p.p., plantea la consultora. Sin embargo, al combinar este ajuste con la actualización de la canasta de consumo mencionado más arriba, el resultado final es una tasa de pobreza sensiblemente más elevada que la oficial, cercana al 42 por ciento.
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